|
|
 





|
 |
|
|
QUIEN VELA TU SUEÑO
El cuarto que una vez perteneció al padre
es ocupado esta vez por el hijo. Dany siente conocer el espacio en el que Daniel paso la
mitad de su vida. La madre ahora abuela recuerda los días en que las sábanas de aquella
cama no estaban frías.
El suspenso hacía parecer imposible que pudieran esperar hasta mañana. Al final de esa
noche Dany tendría un hermano. Sólo una tarde agitada y plena de emociones le hizo
sentir cansancio y pensar en dormir. La abuela lo cubrió de mimos y besos antes de
ocultarlo bajo sábanas. El instinto maternal nunca extinguible ocupó un vacío añejo
entre cuatro paredes. Risas capaces de conmover lo inerte se escuchaban por toda la casa.
La luz entraba en menor cantidad cada vez a los ojos del niño. La pequeña mano se
rendía ante el cansancio y relajaba sus dedos entrelazados en el blanco cabello de la
anciana. Morfeo parecía triunfar al fin.
Con suaves movimientos la anciana sale de la cama. Un pequeño error la delató ante el
pequeño durmiente. La luz aún llenaba el cuarto y la figura maternal fue descubierta
ante sus ojos. Ella buscó lágrimas en sus ojos, no las encontró. Una infantil negativa
le impidió a la abuela retirarse a su cama. Sólo una mirada la hizo sentir culpable.
Sólo una mirada lo hizo a él sentirse tranquilo. Un lenguaje de sentimientos, no de
signos ni de caracteres.
Un suave arrullo ayudó al sueño a venir y el pequeño se rindió. Un sentimiento de
culpa aún se hizo presente en ella. La media noche le trajo muchos recuerdos, un
guardián regresó entre sus memorias y ella fue a buscarlo. En un rincón de su alcoba
aún se encontraba su muñeca. De negra tez y negra cabellera tenía el poder de espantar
sus malos sueños. Ha estado con ella la mitad de su vida, la ha querido y la ha cuidado,
sin pedir nada a cambio.
Dany despertaba para encontrar el cuarto en penumbras. El sillón donde antes le sonreía
su abuela lucía la ausencia de ella, pero no estaba vacío. Una figura casi infantil,
casi femenina le hacía compañía en la oscuridad.
Un rayo de luz rompió la monotonía y le dejó ver un par de ojos verdes que resaltaban
en la negra figura del guardián. El rostro fue ocultado bajo las sábanas en un
movimiento casi reflejo. El miedo cortó el silencio por primera vez en años dentro de
ese cuarto. Los ojos ocultos bajo las sábanas se negaban a ver la figura. El ansia
amenazaba con vencer al miedo y tras una breve lucha lo logró. Bajó las sábanas para
buscar el color verde, sombras y figuras fue lo que percibió.
Ante sus inocentes ojos pareció que la muñeca tenía movimiento. Una parte de él
luchaba para establecer la calma. La oscuridad tejía su manto y nublaba su mente y
sentidos. Sus pensamientos iban y venían entre la cordura y el temor.
Con la vista cegada por las sábanas el sueño se fue imponiendo otra vez. Aún con un pie
en la realidad pudo sentir una presencia acercándose. Escalofríos provocados por un aire
frío de maldad. Una mirada verde penetraba las sábanas.
Al acecho de sus sueños estaba una silueta. La espina dorsal de un pequeño se corvaba y
las rodillas tocaban con su vientre. El ansia lo obligó a abrir los ojos y respirar a
través de ellos los escasos rayos de luz. Nada había cambiado. La negra figura seguía
postrada en el sillón. Sus ojos desmentían lo que su mente pregonaba. El corazón de un
reloj latía no muy lejos y se preguntó cuantas veces darían vueltas las manecillas
desde la primera vez que durmió.
La calma logró llegar a su corazón y el sueño se hacía inminente. Recostado sobre su
izquierda coqueteaba con el borde de la cama. Su imaginación parecía estar en un
peligroso reposo y que despertaría con aún más violencia.
Danzas en blanco y negro acapararon sus sentidos. Pudo ver un pie tras otro dejar marca en
la alfombra. Pudo oír crepitar la tela de su vestido. Sus sentidos avispados eran
engañados por el miedo.
Por un momento dejÓ de sentir su entorno y se concentrÓ en la nada. Corto fue su momento
y en un latido pudo sentir el rostro de plástico negro a escasos centímetros del suyo.
Horror y pánico lo hicieron abrir los ojos y descubrir que nada había cambiado.
Sus ojos una vez más bajo las sabanas. El pánico casi lo dominaba y las ideas no eran
tan claras. La imaginación estaba en letargo momentáneo. Sus impulsos dominaban y sus
pies querían tocar el suelo y correr.
Por primera vez su cuerpo se inclinó y su corazón bombeaba el combustible necesario para
volar. Su camino estaba cortado por un sillón y en él, una silueta. Como un espectador
pudo verse a sí mismo en la huida.
La escena culminaba al alargarse una pequeña mano de trapo sujetándose de su pierna.
Inevitable sería el encuentro. Desechó la idea, la redención se veía venir y sus
plegarias llenaron de murmullos la habitación.
Quizá la ultima plegaria trajo la paz. Inocencia en sus sueños era señal de
tranquilidad. Pudo sentir la luz del sol trayendo el amanecer. Aún sin abrir los ojos una
sonrisa esbozo en él. La pesadilla había acabado.
Al ver el primer rayo de luz sus ojos le lastimaron. Girando a su izquierda dominó la
situación. Sus ojos cobraron vida propia y partieron en busca de un destello verde. La
situación había cambiado.
En donde una vez estuvo la silueta ahora no había nada. Las sombras que lo cubrieron se
lo habrían llevado tal vez. Sus plegarias lo habrían ahuyentado. La luz debería delatar
al invasor, pero en un mejor escondite éste espero el momento.
Sus ojos siguieron una sombra que danzó en la pared. Su conciencia gritó al dilucidar la
fuente de tal. Un negro mechón de cabello cayó sobre su rostro y su grito fue ahogado
por el amargo sabor del trapo en su boca. Unos ojos verdes veían dentro de los suyos.
Despertando entre gritos la anciana corrió a su lado. El sol aún no asomaba y la luna
aún coronaba el cielo. La muñeca de trapo en su asiento observaba a un niño llorando de
miedo y sus ojos verdes casi lo seguían al ser tomado en brazos.
Consuelo y protección le fueron dados otra vez. Los ojos de su mente se burlaron de sus
sueños y proclamaron esta noche como suya. Torturando al prisionero alzaron su bandera y
su territorio fue la oscuridad.
|
|
|
|