Según me contó mi abuela,
en la casa donde ella vivió de pequeña se contaba que cuando los anteriores inquilinos,
un matrimonio, la compraron encontraron en la bodega unos antiguos barriles vacíos de
roble utilizados para la conservación de licores. Aquella familia, sorprendida, decidió
cortarlos por la mitad y así aprovecharlos como macetas para las plantas del jardín pero
entre todos encontraron uno que todavía estaba totalmente lleno de licor, así que lo
pusieron de pie y pidieron a un bar cercano los utensilios necesarios para poder abrirlo.
La bodega se llenó de un fuerte olor a ron. En aquella época encontrar un barril de más
de cien litros de ron era algo increíble, ya que no estaba al alcance de todos poder
disfrutar de un buen ron. Pues bien, decidieron aprovecharlo y beber de ese delicioso
licor que habían descubierto por casualidad.
Un año después, tras haber bebido casi el total de los litros de ron, empezaba a ser
difícil sacar más líquido del enorme barril, incluso se hacia incómodo inclinarlo para
alcanzar la bebida. Entonces decidieron cortarlo por la mitad para poder sacar el resto,
seguidamente, el marido cogió el cazo con el que sacaba siempre el ron del barril y al
introducirlo en el líquido tropezó con algo, parecía un objeto bastante duro, introdujo
la mano y se dio cuenta que lo que había encontrado era un cuchillo, un cuchillo clavado
en la espalda de un cadáver acurrucado en el fondo del barril.
Mi abuela cuenta que puede ser cierto, ya que antiguamente los barriles eran transportados
en los barcos y las personas que morían fuera de su país de procedencia, y querían ser
enterrados en su lugar natal, eran enviadas dentro de algún tipo de licor, ya que era muy
efectivo para la conservación de los cuerpos sin vida.